-Opinión. JF.Garralda Arizcun
No estoy de acuerdo con el artículo “Educación cívica y democrática” del Sr. Tajadura, publicado en “Diario de Navarra” el 27-XII-2007 (p. 14). Me ceñiré al actual derecho positivo civil –que es positivismo jurídico o se desliza hacia él -, al que, desde luego, no considero como el único Derecho, pues sobre él está, entre otros, el derecho natural.
Señalaré algunas de las confusiones que observo en dicho artículo, donde parece que la mejor defensa es un buen ataque, aunque bien está para los padres objetores que dicho presunto ataque sea tan deficiente. De todas maneras, habrá que decir que nunca es tarde para clarificar qué supone la EpC, pues llevamos 4 meses de curso escolar y 7 meses de imposición de la EpC en Navarra (B.O. de N., nº 65, 25-V-2007) por parte del Gobierno UPN-CDN.
El Sr. Tajadura confunde la EpC con la Constitución de 1978. Se equivoca si cree que para ser partidario de la Constitución hay que aceptar la EpC. Desde luego, o no ha leído bien los Decretos de EpC, o no le interesan los derechos de los padres a la educación de sus hijos, o bien se hace un lío con la Constitución.
Confunde el estudio de los valores y principios constitucionales con ciertos principios de corte estatista y totalitario que se adivinan en su artículo, en contra -entre otros aspectos- de la patria potestad de los padres. El autor, que defiende la EpC porque dice defender la actual Constitución, subordina la Constitución a una interpretación muy personal y subjetiva. Defiende la EpC pero fuerza la Constitución. No advierte que no porque caiga la EpC y no prosperen sus tesis personales, caerá luego la Constitución. Desde 1978 la Constitución ha subsistido hasta hoy sin la EpC.
Tampoco el Sr. Tajadura puede considerarse el único defensor del poder civil, pues también otros defienden, y con más vigor, las legítimas atribuciones del poder civil supremo.
Coincido con el autor en que el Estado no puede ser “neutro” ante la moral, el Derecho y la religión. Ahora bien, discrepo con él en cómo llevar esto a la práctica. Una cosa buena, esto es, que el Estado no sea ética o moralmente “neutro”, la convierte el autor en algo rechazable por seguir planteamientos estatistas y pretotalitarios, y si defiende la EpC también relativistas –por ejemplo-.
Confunde el orden social y el respeto a las leyes civiles con la intromisión del Estado. Es intromisión que el Estado se convierta en creador y augur de la Verdad y el Bien, se imponga a los padres en contra de su legítima patria potestad, contraríe la recta conciencia paterna, señale lo que los corazones deben amar, y pretenda entrar en la interioridad de la persona etc.
Confunde la democracia como mecanismo de reparto del poder con una ideología personal, mal calificada de democrática. Ideología ésta que no tiene en cuenta la limitación del Estado y la ley civil, que confunde implícitamente lo legal y lo moral, y que supone los elementos que precisamente se critican a la EpC (relativismo moral, positivismo jurídico, indiferentismo etc.), elementos que el Estado impone al hombre presuntamente libre. Por lo visto, tampoco se advierte que las mejores Constituciones son modificables, y que los acuerdos humanos obligan hasta donde pueden obligar.
Es una pena que el Sr. Tajadura confunda el marco de valores mínimos que configuran un Estado que se dice “neutro” en materia ideológica y religiosa, con la transformación de dichos valores en valores máximos, debido a una improcedente ampliación o deriva subjetiva del contenido de aquellos, coincidiendo además su resultado con una concepción jacobina del Estado. Yo no sé qué atribuciones considera el Sr. Tajadura que tiene el Estado para, después de criticar lo que él califica de “intromisión” social en la voluntad del Gobierno, se queja de las solicitudes que la Iglesia católica, pero también muchísimas instituciones sociales, muchos Centros educativos, altas personalidades del mundo de la educación y, sobre todo, tantísimos padres, han presentado y siguen presentando al actual Gobierno de España (con independencia del partido que sea) contra el núcleo e importantes aspectos de la EpC.
En otro orden de cosas, también quiero aclarar al Sr. Tajadura que no es cierto que los contenidos precisos y reales de la EpC en España se impartan en la mayor parte de los Estados europeos, ni que sean aconsejados por los organismos internacionales. Vd. no está enterado.
No es cierto que el Estado haya concedido a los Centros privados el derecho a adaptar la EpC al Ideario propio. ¿El Estado concede o reconoce derechos?. ¿En qué número del B.O.E. lo ha realizado?. Ser tolerado en la práctica –y además “por ahora” y sin legislar-, ¿no es ser ciudadano de segunda o tercera clase?. En efecto, algunos padres y Centros que se oponen a la EpC son -todo lo más- tolerados de hecho, y muchas veces ni eso, sino abiertamente perseguidos en su conciencia (ante Dios) y en su irrenunciable patria potestad, vivida también en conciencia. No es necesario que me recuerden los límites morales y legales de la objeción de conciencia.
El actual Gobierno de España debe ser muy bueno, o muy “tontaina”, o muy ilegal, y los contrarios a la EpC deben de ser muy “antidemócratas”, y perversamente contradictorios, como para que el Sr. Tajadura se escandalice de las presiones que estos últimos –según dice- han realizado sobre el Gobierno, así como para atribuirles el siguiente y decepcionante resultado: “que la constitución española quede supeditada a ideologías que la contradicen e incluso la deslegitiman”. No reconozco al Sr. Tajadura autoridad para dar patentes de democracia (participación del pueblo en la política) y Constitución. Tampoco si, por ejemplo, se advierte que la objeción de conciencia, la libertad de enseñanza, la libertad de cátedra etc. son derechos constitucionales en España.
El Sr. Tajadura confunde tontamente la EpC, que es una asignatura obligatoria, con la enseñanza de la religión, de carácter optativo.
También confunde la religión católica con el adoctrinamiento que muchos atribuyen con razón a la EpC, ignorando que la asignatura de religión es voluntaria, es elegida por la gran mayoría de los padres españoles de cualquier tipo de Centros, conlleva una exposición y explicación sin que en la evaluación se exija un acatamiento y sentimiento interior, se ciñe a su ámbito propio y no se confunde con otras esferas como hace capciosamente la EpC.
¿Por qué el Sr. Tajadura no entiende y atiende, lisa y llanamente, la patria potestad de padres y tutores?. ¿Por qué confunde la vida normal y cotidiana con los casos extraordinarios de pérdida de patria potestad (por otra parte siempre legislados), como supone su simplón ejemplo de la necesaria intervención del Estado sobre un hijo de 10 años que pese 90 Kg, supongamos que abandonado de hecho por sus padres?. ¿Por qué negar los derechos universales a la gente normal?. ¿Por qué recelar de la familia?. Salvo que, según el Sr. Tajadura, sea el Estado quien deba tener facultad para decir qué personas son normales. Yo no acepto ni este ni otro estatismo y totalitarismo. Yo no acepto a este ya antiguo Leviatán, más tan antiguo que Hobbes y Spinoza.
Creo no haberme equivocado en lo que, según mi criterio, entiende el Sr. Tajadura. Me reconozco sujeto a rectificación. Con todo mi respeto y mis mejores saludos,
José Fermín Garralda Arizcun