Se nos ha dicho hasta la saciedad que Educación para la Ciudadanía no pretende enseñar moral a nadie, que se basa en los principios de la constitución, que no entra en la conciencia de nadie, pero lo cierto es que se extiende a todas las dimensiones de la personalidad, desde los más íntimos a los más sociales y públicos. Por eso supone una extralimitación sin soporte constitucional en las atribuciones del Gobierno y se entromete en el ámbito reservado a los padres, reconocido por el art. 27.3 de la Constitución. ¿Lo comprobamos? Observemos la ley.

Anexo II del RD 1631/2006,
Que, según su art. 6, sus contenidos “constituyen las enseñanzas mínimas de la Educación secundaria obligatoria”(cfr. art. 6.1) que son vinculantes para las CCAA aunque éstas puedan desarrollarlos (cfr. art. 6.2) y que los centros docentes pueden desarrollar y completar en su proyecto educativo(cfr. art. 6.3). Es decir: añadir, lo que quieras, quitar, nada.

No estamos pues ante buenos deseos o recomendaciones, ni ante literatura científica o pedagógica; sino ante una norma jurídica obligatoria y vinculante para todo el mundo: administraciones educativas, centros escolares, profesores, padres y alumnos…

NOTA: Las citas son literales, extraídas del Real Decreto 1631/2006 que establece los contenidos mínimos de Educación para la Ciudadanía.

La dimensión ética de la competencia social y ciudadana entraña ser consciente de los valores del entorno, evaluarlos y reconstruirlos afectiva y racionalmente para crear progresivamente un sistema de valores propio y comportarse en coherencia con ellos al afrontar una decisión o un conflicto”.

“Para lograr estos objetivos se profundiza en los principios de ética personal y social”

Los centros escolares deben ser espacios “que ayuden a los alumnos y alumnas a construirse una conciencia moral y cívica acorde con las sociedades democráticas, plurales, complejas y cambiantes en las que vivimos”

“Centrándose la Educación éticocivica en la reflexión ética que comienza con el entorno más próxima para contribuir, a través de los dilemas morales, a la construcción de una conciencia moral cívica”.

“La educación para la ciudadanía y los derechos humanos en uno de los tres primeros cursos trata aspectos relacionados con las relaciones humanas, bien sean las interpersonales, las familiares o las sociales. Aborda asimismo los deberes y derechos ciudadanos, profundizando en el sentido de los principios que los sustentan”.

El planteamiento de dilemas morales, propio de la educación éticocívica de cuarto curso, contribuye a que los alumnos y alumnas construyan un juicio ético propio basado en los valores y prácticas democráticas”

“Contribuye a mejorar las relaciones interpersonales al trabajar las habilidades encaminadas a lograr la toma de conciencia de los propios pensamientos, valores, sentimientos y acciones. Impulsa los vínculos personales basados en sentimientos”.

Como se puede apreciar, el propio RD reconoce que la nueva materia tiene una “dimensión ética” y que su finalidad es lograr que el alumno cree un “sistema de valores propio”. Si esto no es el terreno de la moral, ¿qué es? No es que lo digamos nosotros, es que lo dice el Real Decreto, se quiere formar la conciencia de los chavales desde la ley, que promulga el Estado.

“Nadie puede imponer ni fe, ni moral, ni costumbres, sólo respeto a las leyes” (JL Rodriguez Zapatero) ¿Y qué pasa cuando las leyes imponen moral, fe y costumbres?