Santiago Arellano Hernández (Profesor y Ex Director General de Educación del Gobierno de Navarra)

Diario de Navarra, 18/10/08

No puedo menos que manifestar mi desazón y mi perplejidad ante la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Navarra. Uno cree ingenuamente estar amparado por el texto explÌcito de la Ley y resulta que no, que en una misma Nación, la Ley modifica su sentido según los pareceres mayoritarios de los miembros que componen el Consejo Judicial pertinente. Vamos a dar como hecho indudable que, además del recto saber y entender, cada uno ha actuado conforme a su conciencia, porque serÌa escandaloso sospechar que hayan podido actuar a expensas del parecer de los Gobiernos de turno.

De cualquier modo difícil va a resultarme confiar en una Ley que por clara que me parezca su letra no sabré lo que dice hasta que el organismo pertinente haya dictado sentencia, claro que el de mi comunidad, porque en la de al lado, por lo oÌdo, la Ley puede decir otra cosa distinta. 

Con no menor ingenuidad creía eso de que los ciudadanos somos iguales ante la Ley. Flaco servicio el del Poder Judicial a la Democracia, cuando juzga sobre doctrina o principios universales que amparan o conculcan Derechos Universales y contradice lo que la jurisprudencia comunitaria y universal ha ido confirmando como referentes incuestionables. 

Cuando un ciudadano, en casos como este, acude a un Tribunal de Justicia, va a buscar amparo frete a un Gobierno o al mismo Estado, porque confÌa que La Justicia, como organismo independiente, va a mediar en el agravio del ofendido. La objeción de conciencia pensábamos que era un derecho indiscutible. Sé que la óbjeción no tiene su jurisprudencia específica y que sus matices y sutilezas de interpretación dividen los pareceres de los expertos. Pero el fundamento del derecho no surge de la objeción sino de la realidad de la conciencia. No se juzga sobre un hecho caprichoso sino sobre el derecho que todo ser humano tiene a actuar según conciencia y esperar el amparo que proclama La Ley, sea en el servicio militar, en el rechazo al aborto o a una asignatura que conculca el sentido de la vida que Padres y tutores quieren para sus hijos. Nadie debe ser obligado a actuar contra su conciencia. Ni se le debe impedir que actúe según su conciencia. También es ingenuo este firme convencimiento nuestro?

Buenos son los tiempos como para contribuir a dificultar o menospreciar esa reflexión que tiene lugar en la interioridad de nuestra conciencia, el núcleo más secreto y sagrado de toda persona,  de donde surge el verdadero amar, la lealtad, el cumplimiento del  deber y el encuentro con Dios.

Me duele la inmerecida contrariedad que han sufrido las más de 600 personas que han presentado Objeción de Conciencia dentro de la Plataforma Navarra Educa en Libertad. 

Os miramos como a gente no común. Y eso que vuestra exigencia no va contra nosotros, que nos dejéis en paz, porque suponéis que, en estos casos, también los demás están actuando en conciencia. También yo estoy escribiendo a instancias de ese mi sagrado interior. Por eso a la par que os recuerdo que una vez más hay que hacer de tripas corazón, sin cejar en el empeño, proclamo agradecido el  inmenso favor que estáis prestando a una sociedad que parece ignorar que “conciencia” es algo más que una palabra, precisamente entre otras razones, porque en la conciencia está el reducto de la libertad, venga de donde venga la agresión.